Del club de toda la vida al piso particular
2008-11-06
Decía Darwin que “se extingue el que no se adapta al cambio”. Un teorema que en tiempos de crisis --también para la prostitución-- se agudiza como el ingenio con el hambre, y que está obligando a las profesionales a mudarse de los clubes de alterne a los domicilios particulares. La razón: más independencia y huir del control policial.
Pintar un panorama de la prostitución en España es tan complicado como borroso el limbo jurídico en el que se desarrolla. Ni siquiera hay coincidencia ni unanimidad en las cifras.
Más difícil aún es controlar los domicilios particulares donde se ejerce la profesión más antigua del mundo; un número que ha crecido en los últimos tiempos, según las fuentes consultadas. Esa vuelta al burdel doméstico, al piso de tapado, es fruto del estrecho control policial sobre los clubes, que intenta detectar la presencia de inmigrantes y de posibles situaciones de explotación sexual.
"Con las inspecciones en los clubes --relata un responsable de la Unidad policial contra redes de inmigración y falsedades documentales (Ucrif)-- buscamos conocer la aventura de la chica, de dónde viene, cómo ha venido, por dónde ha entrado al país-.". El hecho de que muchos de estos clubes estén registrados como hoteles dificulta las operaciones policiales. Una habitación de hotel es un domicilio particular, por lo que es muy difícil que "un juez te dé una orden para entrar en una casa", explican en Ucrif. Se calcula que al menos dos tercios de los locales están registrados como hostales.
Mientras, en los pisos ejercen mayoritariamente inmigrantes irregulares: "Lo alquilan entre dos o tres chicas y para evitar suspicacias entre los vecinos abren solo hasta la tarde", explica un cliente habitual. Esta vuelta al antiguo lupanar reúne la casuística completa: aquí se esconde parte del alto standing, inmigrantes sin papeles y la prostitución clásica ejercida por mujeres muy mayores.
En el último escalón de la pirámide está la calle. El problema de estas mujeres es que aunque están "superfichadas" provienen de países africanos con los que España no tiene convenio de extradición.
El problema una vez más coincide con el vacio jurídico en el que se encuentra la prostitución, cuyo ejercicio no está prohibido pero sí, que un tercero se lucre con ello. El asunto es tan poliédrico que ni siquiera nos ponemos de acuerdo en si se trata o no de un trabajo que, como tal, debería estar regulado. Este mismo mes, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña reconoció en una sentencia la existencia de una relación laboral entre 20 prostitutas y la empresa propietaria del club de alterne donde ejercían esta labor.
Por su parte, los empresarios del sector, agrupados bajo las siglas de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela) exigen que se permita "el ejercicio del sexo entre adultos en libertad", garantizan que con ellos "se alejan las mafias" e insisten en que solo cobran por las copas y por el alquiler de habitaciones. Curiosamente, tachan de competencia desleal a las prostitutas que ejercen en pisos de vecinos y califican de "podredumbre y falta de higiene" el ejercicio de la prostitución en las calles.
También se observa cambios en los clubes. "Están quitando las copas, antes iban a mitad del beneficio", comenta un cliente. "Los empresarios no pierden porque le han subido el alquiler de las habitaciones y han bajado el precio de la copa", explica. Se elimina así la prueba de la relación contractual entre prostituta y empresario.
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